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quinta-feira, 23 de maio de 2013

Intento, sin compañía, de rehabitar una ciudad

Pienso en la solución confusa de este cielo,
la lluvia casi a punto en la mirada
débil que las muchachas me dirigen
acelerando el paso, solitarias,
en medio del acento que se escapa
como un gato pacífico
de las conversaciones.
Y también pienso en ti. Es la exigencia
de cruzar esta plaza, la tarde, Buenos Aires
con nubes y mil cables en el cielo,
cinco años después
de que lo conociéramos nosotros.

Los que vienen de fuera siguen viendo
ese resumen ancho de todas las ciudades,
ríos que de tan grandes
ya no esperan el mar para sentir la muerte,
cafés que han encerrado
la imitación nostálgica del mundo,
con mesas de billar y habitantes que viven
hablando de sus pérdidas en alto.

Mientras corre la gente a refugiarse
de la lluvia, empujándome,
pienso, desorientado,
en el dolor de este país incomprensible
y recuerdo la nube
de tus preguntas y tus profecías,
selladas con un beso,
en la Plaza de Mayo,
camino del hotel.

Testigos invisibles para un sueño,
hicimos la promesa
de regresar al cabo de los años.
Parecías entonces
eterna y escogida,
como cualquier destino inevitable,
y apuntabas el número de nuestra habitación.
Ahora,
cuando pido la llave de la mía
y el alga de la luz en el vestíbulo
es lluvia rencorosa,
vivo confusamente el desembarco
de la melancolía,
mitad por ti, mitad porque es el tiempo
agua que nos fabrica y nos deshace.

Luis García Montero, de Las Flores del Frío, 1991, in Poesía Urbana, Renacimiento, 2010 (4ª ed.)

quinta-feira, 7 de junho de 2012

Uma história de cama

Ontem estava a ler um poema de Luis García Montero (em tradução de Nuno Dempster) que se fixava no contraste entre um grupo de velhotas num café - diz-se que associadas na ordem da má língua, e do té con limón - e que de repente se calam e param a olhar, porque na mesa ao lado está uma rapariga a contar uma história de cama, com pormenores hábeis e no contar dessa história, diz García Montero, há uma «maneira de sentir a vida/ que penetra e dissolve a luz de igreja,/ a humilhação do frio nos joelhos». Não podia de verdade dizer em quantos níveis de sentido este poema me é caro, é uma coisa que começa no seu sentido mais literal e mais óbvio e vai avançando por outros sentidos que lhe vou pondo ou vendo. Um deles é uma coisa engraçada e prende-se, não só mas também, com o facto de, basicamente, estar há dois meses fechada numa biblioteca (ah, então a minha identificação está ligada ao poema enquanto génio libertador, cujo único horizonte de referência é na verdade a minha vidinha, o aspecto idiossincraticamente biográfico - errado, é verdade é isso, mas não é só isso). 
Uma das maneiras de ler este poema poderia ser ver aqui o contraste entre um saber meramente livresco e a vida, o enredo da vida, sendo que as velhotas são o saber livresco e a rapariga é essa habilidade para acima de tudo estar vivo. Um modo de viver os livros que não se ligue e não parta para encontrar ou ferir ou criar um eco naquilo que para nós é mais vital - o sentido encontrado ou a procurar, o acumular de meras referências, digamos, para massacrar os outros com a nossa erudição ou com a nossa inteligência hipertrofiada,  é equivalente a ser uma velhinha a quem, percorrida uma vida inteira, tudo o que restou foi a ordem do chá com limão e da má língua. Não estou, por outro lado, a dizer que só aquilo que se liga aos nossos horizontes mais imediatos, aquilo que estabelece uma relação connosco é o que devemos perseguir, não é também isso, porque não podemos viver sem a possibilidade de nos espantarmos com as coisas (é por isso que não podemos querer saber tudo - tudo seria previsível, a vida seria brutalmente chata). A rapariga que conta a história de cama está também ligada ao acto de contar alguma coisa. Mas há uma harmonia entre os dois equilíbrios que as velhas falham. Essa coisa que a expressão «uma maneira de sentir a vida» sintetiza. Para quê encher livros ou cadernos de palavras, bibliotecas de livros se não por isto, o que quer isto possa ser, para apontar para a vida? Quanto mais penso nestas questões, mais me inclino para pensar que este é o aspecto mais básico (e, note-se bem, não o mais utilitário) da nossa relação com a literatura (um burocrata da literatura - a.k.a. tão burocrata de merda como todos burocratas - talvez lhe chamasse «a especificidade do literário» ou alguma treta deste género). Não o prescritivo - deve ser o aspecto mais básico mas o idiossincrático - para mim é e para já não vejo outra maneira que me dê mais jeito para me relacionar com a literatura. 
A melhor coisa acerca do Legado de Humboldt do Bellow é que não é a vida que toma existência pela literatura (estamos todos a gritar por um deusinho alado que não virá mas que nos torna uma espécie de sociedade secreta tão fixe - na verdade, a maior parte do tempo o deus mais evidente é aquele bastante visível do poema de Kavafis, o que abandona António, o deus como mediador e símbolo da perda, da morte, da destruição e do modo como lidamos com estas coisas), é que em Bellow é pela literatura que se vai chegando à vida, a way to make amends with it.

quarta-feira, 10 de fevereiro de 2010

Aunque tu no lo sepas

Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo
iluminado
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos...

Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.

También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuanto te marchas.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.

Espiada a la sombra de tu horario
o en la noche de un bar por mi sorpresa.
Así he vivido yo,
como la luz del sueño
que no recuerdas cuando te despiertas.

Luis García Montero, Habitaciones Separadas, Visor Libros, 1994.

quinta-feira, 21 de janeiro de 2010

Garcilaso, 1991

Mi alma os ha cortado a su medida,
dice ahora el poema,
con palabras que fueron escritas en un tiempo
de amores cortesanos.
Y en esta habitación del siglo XX,
muy a finales ya,
preparando la clase de mañana,
regresan las palabras sin rumor de caballos,
sin vestidos de corte,
sin palacios.
Junto a Bagdad herido por el fuego,
mi alma te ha cortado a su medida.

Todo cesa de pronto y te imagino
en la ciudad, tu coche, tus vaqueros,
la ley de tus edades,
y tengo miedo de quererte en falso,
porque no sé vivir sino en la apuesta,
abrasado por llamas que arden sin quemarnos
y que son realidad,
aunque los ojos miren la distancia
en los televisores.

A través de los siglos,
saltando por encima de todas las catástrofes,
por encima de títulos y fechas,
las palabras retornan al mundo de los seres vivos,
preguntan por su casa.

Ya sé que no es eterna la poesía,
pero sabe cambiar junto a nosotros,
aparecer vestida con vaqueros,
apoyarse en el hombre que se inventa un amor
y que sufre de amor
cuando está solo.

Luis García Montero, Casi Cien Poemas: Antologia 1980 - 1995, Hipérion, 1999

Libro Primero I

Yo sé
que el tierno amor escoge sus ciudades
y cada pasión toma un domicilio,
un modo diferente de andar por los pasillos
o de apagar las luces.

Y sé
que hay un portal dormido en cada labio,
un ascensor sin números,
una escalera llena de pequeños paréntesis.

Sé que cada ilusión
tiene formas distintas
de inventar corazones o pronunciar los nombres
al coger el teléfono.
Sé que cada esperanza
busca siempre un camino
para tapar su sombra desnuda con las sábanas
cuando va a despertarse.

Y sé
que hay una fecha, un día, detrás de cada calle,
un rencor deseable,
un arrepentimiento, a medias, en el cuerpo.

Yo sé
que el amor tiene letras diferentes
para escribir: me voy, para decir:
regreso de improviso. Cada tiempo de dudas
necesita un paisaje.

Luis García Montero, Casi Cien Poemas: Una Antologia 1980 - 1995, Hipérion, 1999

La inmortalidade

Nunca he tenido dioses
y tampoco sentí la despiadada
voluntad de los héroes.
Durante mucho tiempo estuvo libre
la silla de mi juez
y no esperé juicio
en el que rendir cuentas de mis días.

Decidido a vivir, busqué la sombra
capaz de recogerme los veranos
y la hoguera dispuesta
a llevarse el invierno por delante.
Pasé noches de guardia y de silencio,
no tuve prisa,
dejé cruzar la rueda de los años.
Estaba convencido
de que existir no tiene trascendencia
porque la luz es siempre fugitiva
sobre la oscuridad
un resplandor en medio del vacío.

Y de pronto en el bosque se encendieron los árboles
de las miradas insistentes,
el mar tuvo labios de arena
igual que las palabras dichas en un rincón,
el viento abrió sus manos
y los hoteles sus habitaciones.

Parecía la tierra más desnuda
porque la noche fue
como el vacío
un resplandor oscuro en medio de la luz.

Entonces comprendí que la inmortalidad
puede cobrarse por adelantado.
Una inmortalidad que no reside
en plazas con estatua
en nubes religiosas
o en la plastificada vanidad literaria,
llena de halagos homicidas
y murmullos de cóctel.

Es otra mi razón. Que no me lea
quien no haya nunca visto conmoverse la tierra
en medio de un abrazo.
La copa de cristal
que pusiste al revés sobre la mesa
guarda un tiempo de oro detenido.
Me basta con la vida para justificarme.
Y cuando me convoquen a declarar mis actos
aunque sólo me escuche una silla vacía
será firme mi voz.

No por lo que la muerte me prometa
sino por todo aquello que no podrá quitarme.

Luis García Montero, Casi Cien Poemas: Antología 1980 - 1995, Hiperíon, 1999

sexta-feira, 15 de janeiro de 2010

Irene

Así amanece el día
Claudio Rodríguez

¿Conoces ya la tinta meditada
de la primera luz?
Mira el esfuerzo
que en la copa más alta del bosque más oscuro
raya un momento, avisa y mientras cae
forma la claridad.
Así comienza el día.
Así también, contigo,
cobran todas las cosas
un impreciso afán por empezar de nuevo,
por ser tu compañía
cuando el tiempo aparezca.

Y no es el mecanismo
oxidado de un tren lo que se mueve,
ni las maderas de la barca
están secas aún. No en todas las historias
el tiempo necesita la nostalgia.

Pero tiene la luz recuerdos que son nuestros.
Van a bajar los dioses de sus libros,
alguien descubrirá que el mundo es navegable,
habrá días y noches, y en la luna
de lo ya sucedido
respirará la fábula blanca del calendario.

¿Qué haremos de nosotros
ahora que los espejos todavía
no tienen una sombra que llevarse a sus láminas
y los recuerdos nacen aprendiendo
a contar hasta diez?
¿Qué podemos hacer con lo que nos han dado?

Como una insinuación, como la piedra
interroga al estanque,
cae la luz en el sueño de la casa.

Y la distancia,
esa divinidad que medita en el agua
de los puertos,
vuelve al pasado, busca entre sus mitos
un ángel sin heridas,
una nueva metáfora,
algo que no es tu nombre,
pero que yo pronuncio desde el fondo
abierto de tus ojos.

Luis García Montero, aqui.

quinta-feira, 14 de janeiro de 2010

Canción amarga

En la cara lleva
tres años perdidos
y el frío de las seis de la mañana.

Van a partirte el corazón.
De pronto
la luz apagada,
los pasillos turbios,
la puerta que clava su ruido en la espalda.

Van a partirle el corazón.
Y arrastra
una cadena oscura
de pasiones heladas,
ese frío que cabe solamente
detrás de una palabra.

Y yo la veo caminar,
despacio,
perderse en lo que anda,
fugitiva tristeza que va y viene
de la sombra a la puerta de mi casa.

La luz artificial deja en la calle
el temblor silencioso
de tres barcas ancladas.

cuando ella cruza por mi lado siento
como un golpe de remos
y un murmullo de agua.

Luis García Montero, daqui.